Por medio del lenguaje corporal podemos comunicarnos de forma no verbal y dar una impresión de simpatía, de hostilidad, de desdén o de indiferencia, por el solo movimiento de los hombros, manos o cejas.
El rostro y las manos son los grandes delatores de nuestras emociones y contribuyen a reforzar nuestro mensaje, contradecir o incluso incorporar nuevos matices. Pero el rostro no puede permanecer inmóvil mientras se habla porque da sensación de monotonía y de que estamos distantes del público.
Las exposiciones en un territorio público son las que nos provocan miedo escénico porque en este momento el orador tiene que dejar su territorio íntimo y conquistar un espacio que le obligue a salir de los límites de su cuerpo. Una persona tímida va a tener un territorio personal más amplio, porque va a poner una zona de protección más importante, mientras que una persona más abierta dejará entrar con mayor facilidad y confianza al espectador, pues su seguridad no se verá afectada.
Consejos posturales a la hora de exponer:
- Las piernas tienen que estar separadas a lo ancho de las caderas. El peso del cuerpo tiene que repartirse bien entre las dos piernas.
- La espalda tiene que estar erguida.
- Los brazos caen a lo largo del cuerpo sin tensión en los hombros o manos.
- La cabeza esta recta, con el mentón ligeramente inclinado hacia el pecho.
- El cuerpo tiene que echar raíces en el suelo. Hay que anclarlo.
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